July 20, 2010 | In: Crónica 2008, Dia 09 - viaje 2008, Kamakura, Review 2008, Yokohama

Crónica 2008: Día 09

Pues comienzo con mi segunda ruta en solitario, con la que es sin duda una de mis excursiones favoritas en Japón: Kamakura & Yokohama.

Pues bien tempranito me encaje en la estación de Kamakura, gracias como siempre a mi amado y fiel JRPass. Y tempranito porque tenemos que visitar 2 ciudades en un solo día. La mañana para Kamakura, sede del primer Shogunato y capital a la sombra de la Kyoto imperial. La tarde para Yokohama, la segunda ciudad más grande de Japón.

La foto superior es la estación de Kamakura, la inferior en cambio está tomada en la estación de HASE, a donde se  accede con una línea de tren privada (no JR) por lo que tuve que pagar. Me resultó muy curioso ver esas flores en el pequeño espacio que queda entre las dos vías.
Y tras un brevísimo paseo desde la estación nos encajamos en la puerta del templo Hase-Dera.

Kamakura es famosa turísticamente por el Gran Buda de Bronce, pero a mi gusto, el templo de Hase Dera es uno de los más bellos que he visitado, te cautiva desde que atraviesas la puerta. Si tuviera que elegir por motivos de tiempo, priorizaría Hase-Dera antes que el buda.

El templo tiene rincones muy especiales, en algunos momentos te sientes transportado a una película de Hayao Miyazaki.

El templo esta lleno de estatuillas de diferentes tamaños en conmemoración de monjes.

El edificio principal está en perfecto estado de restauración.

Y para purificarnos podemos quemar algo de incienso y aspirarlo por tan solo 50Y.

Visitar este templo bien temprano tiene como premio poder recorrerlo en soledad y con toda tranquilidad, sin ningún turista que perturbe la paz… excepto tú mismo.

Los toriis nos anuncian la entrada a suelo sagrado. Este en particular nos conduce a una cueva sobrecogedora.

Casi a oscuras atraviesas una gruta, donde un occidental medio tiene que ir encorvado, llena de esculturas centenarias en relieve realizadas a lo largo de todas las paredes.

En un recoveco de dicha cueva encontramos cientos de pequeñas figuras de monjes, también en recuerdo de los que ya han fallecido.

Entre las tablas de peticiones me encontré con una que me produjo una gran vergüenza ajena, todos pedían paz, amor, buen viaje en diferentes idiomas… pero tuvo que llegar un español para hacer el ridículo.

Pero bueno, no está hecha la miel para la boca del asno. Tras salir de Hase Dera nos dirigimos hacia el norte, camino al Gran Buda de bronce. Y en este camino nos cruzamos con otra buena amiga…

Y bueno, llegué al histórico buda situado en el templo Kotoku-in… pues nada, a hacer fotos!!!

Este gran señor de bronce data del 1252, pero bueno, en posts anteriores ya hablé de él.

Por cierto, que tiene sus chanclas preparadas por si algún día se decide a dar un paseo.

Al salir de Kotoku-in preferí coger un taxi directamente hasta la avenida Wakamiyaoji.

Desde el taxi fotografié a estas dos señoras, una de ellas ataviada con kimono tradicional.

Este Torii da comienzo a la avenida Wakamiyaoji, llena de tiendecillas. Un interesante paseo hasta el templo de Hachiman, el dios de la guerra.

Tras visitar Engakuji (un templo no tan interesante como Hase Dera pero lleno de historia) decidí ir paseando hacia mis dos siguientes objetivos: KenchoJi y EngakuJi.

Justo antes de este ¿tunel? hay un pequeño y escondido restaurante llamado “Valencia” y ambientado como un bareto español.

Hey Rafa, no te pierdas, por aquí se va a KenchoJi.

En Kenchoji se despertó mi instinto friki… HE ENCONTRADO LA TRIFUERZA!!!!

El templo en cuestión, Zelda aparte, se ve viejuno… pero gozaba esa mañana de una gran vitalidad y movimiento.

Muchos monjes y ceremonias budistas por doquier y yo mezclandome entre ellos intenando no ofender a nadie.

Una de las ceremonias que se procesaban, pero por desgracia no me enteraba de nada, así que me salí y ya desde el exterior tomé la siguiente foto. Luego me di cuenta que si hubiera ido en grupo quizás no hubiese tenido la oportunidad de mezclarme con ellos y acceder al interior.

Cómo ya he dicho en otras ocasiones me encantan las tapaderas que hay por las aceras de Japón.

Tras esta interesante experiencia ya tocaba partir hacia Yokohama. Esta foto es de la estación de Kitakamakura, situada justo enfrente de EngakuJi.

Y en esta estación es donde me bajé, Sakuragicho, relativamente cercana al Chinatown de Yokohama. Os recuerdo que Yokohama tiene el barrio chino más grande de Japón.

Al entrar en Chinatown ya empiezas a notar las diferencias culturales. Sus decoraciones son más coloristas y recargadas.

Calles bulliciosas y ruidosas te rodean y te abruman.

El edificio que señalo, al fondo, es el Yokohama Daisekai. Dentro encontré 2 plantas de tiendas, 3 de un “museo de comida” que  es un restaurante con todos los tipos de comida china y arriba del todo un teatro donde representan teatro chino, malabarismos y cosas así.

Cada una de las puertas que dan acceso al barrio chino está profusamente decorada.

Pero es que hasta las farolas están adornadas al detalle.

Me llevé varias experiencias del barrio chino. Primero conseguí encontrar un centro de Tatuajes, pero la tatuadora (muy elegante por cierto, nada que ver con los típicos garitos de tatuajes españoles) no sabía como darme largas. Primero que no hablaba inglés, dió la casualidad que entró una amiga que si lo hablaba y a través de ella me dijo que no tenía tiempo en ese momento, que quizás mas tarde (a los japoneses no les gusta decir que no). Pero yo tampoco me di por vencido así que me fuí decidido a hacer tiempo… y pululando por las calles fué cuando vi un cartel que ponía “HEAD SPA”.

Entré en el recinto, que era claramente una peluquería y pregunté por un afeitado y un “Head Spa”… y el peluquero tras afeitarme cara y cabeza (todo menos las cejas, incluso la pelusilla de las orejas) me dio masaje tras masaje en el cuero cabelludo, seguido de toallas ardiendo y frias y cremas de todo tipo. Apunto estuve de quedarme dormido. Tras ese Spa y tomar un café, me volví a acercar al centro de Tatuaje, donde todavía estaba la amiga angloparlante y las dos se quedaron extrañadas al verme de nuevo (Gaijin pesado). Esta vez no me dijo más tarde, directamente me dijo “imposible” así que sin darme más explicaciones tuve que dejar el local sin hacer ruido, por si algún yakuza tatuado se decidiera a echarme…

La siguiente parada de mi visita a Yokohama era el barrio “Minato Mirai 21″, presidido por su imponente “Landmark Tower”.

Y cuando digo imponente, es que es IMPONENTE,


Dentro del rascacielos, como ya comenté en su momento, está el ascensor más rapido del mundo. Al acelerar la subida notas como se te taponan los oidos, al igual que  cuando despegas en un avión.

Ya arriba y después de disfrutar de las vistas del observatorio hice dos cosas. Primero comprar el regalo que con más cariño guardo, un retrato hecho en lapiz y acuarela por una artista que había en el obsevatorio. Lo segundo tomarme otro café en el restaurante de los Yokohama Marinos, el quipo de futbol de la ciudad y de los mejores del pais.

Tras abandonar la torre con mi retrato bajo el brazo me dirijí a Cosmo World.

No llegué a entrar. Aunque la noria me atraía por ser de las más altas del mundo, subir en solitario le restaba todo el interés.


A la pareja que me hizo la foto intente pedirle de todas las maneras que me sacaran con el edificio al fondo… pero jamás consigo que me hagan la foto que quiero y acabo añorando mi tripode.

Al lado del Cosmo World está el Centro Comercial Yokohama “World Porters”


Allí me tome uno de los helados más sabrosos que he probado(comparable a los de Roma). Quizás el calor y el cansancio lo hizo aun más apetecible. Al hacer el encargo, la dependienta saco el helado y varias frutas congeladas, y a una velocidad INCREIBLE lo troceó y mezcló. todo delante de mis ojos. Fijaros que mi camara, una reflex, no consiguió captar el movimiento de las manos.

Tras este descanso ya empezaba siendo hora de volver, ya andaba cansado y no se me apetecía ir solo al “museo del ramen” así que comencé el retorno a Tokyo.

Retorno que comenzó por Sakuragicho y terminó como siempre en Okachimachi.

Cada recuerdo de estos días lo atesoro, pero como siempre le cuento a mis amigos, los recuerdos se disfrutan doblemente mejor cuando se rememoran en compañía.

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