Levantarse por primera vez en Japón fué algo especial. Por supuesto dormimos como angelitos, ni Jet-Lag ni leches, así que os confirmo que el adaptar tu cuerpo al horario japonés desde el día antes (durante el vuelo y demás) funciona maravillosamente. Nos levantamos de forma coordinada, que remedio pues estabamos los 5 compartiendo esa enorme habitación. Los pros de compartir habitación son la absoluta coordinación y organización, lo teníamos todo a mano, era mucho más barato; los contras sin embargo eran los ronquidos (jejeje), tener que usar a veces el baño compartido para ser más rápidos o tener cuidado con los futones de los compañeros al moverse por la habitación. En mi opinión compensa.

Al ir a desayunar conocimos al “gatohambriento”, en un terrario lateral con vistas a la zona de desayuno, todas las mañanas y de forma puntual venía un gato a ver si caía algo, pero lo curioso del tema es que el bicho se sentaba justamente detrás de un cartel donde nos pedían que no alimentásemos al gato…

Como ya he comentado en alguna ocasión el desayuno del Edoya no era de mi agrado, así que esa misma mañana conocí a mi nuevo amor, el Vanhouten Cocoa y los cafelitos de medio litro.

Tras desayunar salimos del hotel y allí estabamos, pateando Tokyo después de un breve trayecto en tren Okachimachi-Tokyo. Desgraciadamente la estación central de Tokyo estaba parcialmente siendo remodelada y tuvimos que seguir más carteles y flechas de lo habitual. Al salir de la zona de la estación y dirigirnos hacia el palacio imperial tuvimos algunos problemas de coordinación, suele pasar cuando hay diversas opiniones. Pero entre la brújula de Eduardo y la guía que me hice conseguimos llegar sin mayor problema.

Una vez allí unos amables coreanos nos hicieron la siguiente foto. Esa mañana aprendí a no presuponer que cualquier asiático en Japón es Japonés XDDD. Esta foto me gusta, 4 amigos con el puente Nijubashi atrás.

Luego nos acercamos al acceso de la zona visitable del palacio, y un guardia muy amable nos comentó en un estupendo inglés que quedaba un rato para la apertura, el policía aseguraba que el no sabía hablar inglés que solo hablaba Japnglish, lástima que no le permitieran hacerse fotos con los turistas… (o al menos eso dijo). Ahora os comparto el primer video del día:

Otros 2 grandes descubrimientos personales que hice ese día fueron en primer lugar las chicharras japonesas. Hay muchísimas y el sonido es ensordecedor. En el suelo de los parques, si te fijas, hay numerosos agujeros en la tierra. Las cigarras viven su primer ciclo bajo tierra. Luego salen a la superficie, dejando un agujero en el suelo (la prueba…) y sufren otra metamorfosis, siendo ya la cigarra que todos conocemos, la que hace ruidito ( o min min, la onomatopeya japonesa del sonido de la cigarra). Aquí os pongo un pequeño corte donde se aprecia claramente este sonido que te acompaña constantemente.

El otro descubrimiento al que me refiero es cómo pega el Lorenzo nipón. El calor en agosto es aplastante, un calor humedo que te cuece en tu propio sudor, así que cuando llevabamos bastante rato pateando los jardines imperiales (un paseo bastante largo) iba como loco buscando una vending machine, así que al encontrarla se lo agradecí convenientemente.

Otro bicho que te encuentras en los parques japoneses son los pokemons Gokunianos, al hacerme esta foto saltó uno y me la estropeó, en la pantalla de la cámara apareció la frase “a wild pokemon appears…” pero no se dejoócapturar!!!

No nos quedó claro si esos dos japoneses, que estaban tumbados a la sombrita justo a la salida de los jardines, eran mendigos o no.

Nuestro paseo por Chiyoda continuó. Tras pasar por el decepcionante museo de la tecnología nos encaminamos hacia el Budokán, donde había una gran concentración de seguidores de Gundam. Aunque no teníamos planeado entrar, al ver este evento nos interesamos, pero no era accesible al público en general. En la foto de abajo vemos a Juanjo y a JuanMa intentando elaborar un complicado plan para colarnos.

Pues nada, ya que no lo conseguimos pues dirigimos nuestros pasos al templo Yasukuni. en el trayecto hasta el templo, justo en la esquina antes del PEAZO DE TORII, me paré para hacer unas fotos al grupo, cuando pasaba un muchacho con un atuendo típico. Así que disimuladamente le hice la siguiente fotillo. Tras ver la foto en grande y la mirada asesina del japonés creo que no fuí lo bastante disimulado… GOMENNASAI!!!!!

Y al doblar la esquina, TOMA YA!!!

Si veis en la foto superior, a la altura de las personas hay unas grandes linternas de piedra tradicionales adornando la avenida. Un compañero al verlas nos aseveró que esos objetos de piedra servían para rotar algo tras introducir un palo como eje en la parte de arriba… jijiji

Una parada para el siguiente video.

Como habeis visto en el video cumplimos con el rito de purificación en el Temizuya.

Adyacente al templo Yasukuni se encuentra el museo de la guerra. Allí entre otras muchas cosas podreis ver un auténtico caza Zero como los que usaban los Kamikazes en la Segunda Guerra Mundial.

Tras la interesante mañana entramos en un restaurante de comida japonesa donde devoramos unos estupendos Tonkatsus. Las jarras de agua con hielo que te sirven gratuitamente desaparecían de la mesa… QUE CALOR!

Y tras la comida decidimos volver al hotel a refrescarnos y dejar allí algunas compras que habíamos hecho por la mañana. El objetivo de la tarde era Akihabara. Por motivos de comodidad no llevamos la camara de video al barrio eléctrico. Así que recién duchaditos y con ropa limpia nos aventuramos al barrio de las mil frikadas.

Como podeis imaginar disfrutamos como enanos por sus multiples tiendas y callejones. Solo nos deslució un poco la tarde el hecho de que lloviera a ratos, pero por lo general estábamos bajo techo. Después de desahogar nuestros impulsos consumistas en Akihabra al ritmo de los gritos de KANDOOOOO decidimos cenar en un McDonalds, como veis en la foto de abajo repetí con la EBI-Fileto.

Camino al hotel Edoya había una acceso a un local, con una escalera hacia abajo y unas sospechosas luces rojas decorando. En la puerta un cartel con precios. No teníamos ni idea de a que se dedicaba el local que permanecía abierto por la noche, pero la broma estaba servida. Si alguien sabe que pone en el cartel que nos lo diga.

Y a dormir, ha sido un día genial y estabamos realmente cansados… en la próxima crónica Harajuku y Shibuya.

Cuando un servicio es bueno hay que decirlo y el de H.I.S. ha sido genial. A principios de mes me puse en contacto con varias agencias encargadas de facilitar este producto y además seguros de viaje. Antes de hacer el pedido tenía en mente considerar tanto el precio que me ofrecían cómo lo que tardasen en contestar, ya que esto último es un claro indicativo de seriedad y eficiencia.

Pues curiosamente han sido los de HIS Madrid los que no solo me respondieron en la misma mañana, si no que son los que mejor precio me ofrecieron, teniendo en cuenta el poco margen que deja este producto. Y al día siguiente de hacer la transferencia tenía los seguros y al martes siguiente recibí en mi casa todo lo que veis en la foto superior: los 6 JRPass, guías del JRPass, planos en castellano de tokyo, Kyoto, Nara, guías sobre las ciudades… todo un detalle. Además con una comunicación constante conmigo tanto por teléfono como por e-mail.

En resumen, estoy más que satisfecho. Normalmente usamos internet para despotricar sobre lo mala que es esta o aquella empresa o servicio, pues con este pequeño artículo quiero hacer lo contrario. Mis felicitaciones por vuestro servicio HIS!!!

Dos años después me he decidido a enfrentarme al viaje que hicimos en el 2008, con sus luces y sus sombras, antes de de que la memoría vaya borrando anécdotas y recuerdos. Ya he compartido en este blog algunos momentos en video ahora quisiera hacer un pequeño fotodiario de lo que fué ese viaje.

viaje.jpg

Nuestro primer avión salía de Málaga a las 7:35 am, y como tengo la buena costumbre de llegar al aeropuerto como mínimo 2 horas antes, salimos de casa cerca de las 3 de la madrugada, pero con el subidón que llevábamos encima lo que menos teníamos en el cuerpo era sueño. Además tenía la firme intención de adaptar mi cuerpo al horario japonés desde el día antes del viaje para que luego el Jet Lag no me arruinara el primer día de ruta (y la verdad es que funcionó bastante bien). Llegamos al aeropuerto de Málaga poco después de las 5:00 y el aeropuerto estaba bastante vacío, afortunadamente, así que para no dormirnos aprovechamos para desayunar algo.

Tras el breve vuelo desde Málaga llegamos a Londres puntualmente a las 9:15, pasamos el control de inmigración donde un agente me cogio cariño y me cacheó… a fondo. Con todo ello y mirando de reojo el reloj teníamos que hacer el traslado a Heathrow en tiempo record, pero ocultábamos un as en la manga, habíamos contratado un servicio particular que nos llevaría a toda velocidad… GRACIAS MIKELTORO!!! Llegamos a la puerta de embarque y 15 minutos después apareció JuanJo, que se unía al viaje desde Andorra.

El viaje con Virgin fué una maravilla, dentro de lo que es la clase turista. Un viaje fluido y sin contratiempos. Aunque es un viaje muy pesado por la cantidad de horas, entre las pausas para las comidas y los refrescos, las revistas que compré en el aeropuerto, las ganas que tenía por llegar y la pantalla personal que hay en cada asiento con peliculas, series y videojuegos a elegir se hizo soportable.

Y al fin llegamos a Narita, nos chupamos la cola de inmigración donde nos hicieron un escaner de retina y nos ametrallaron con preguntas en Japonés primero y con un Janglish ininteligible después. Además de por ver Kanjis por todas partes, donde realmente me dí cuenta de que estaba en Japón fué al entrar en uno de los W.C. de Narita.

Ya andábamos con los ojos como platos, mirando hacia todas partes e intentando localizar el Narita express mientras cargábamos con nuestros maletones. Por cierto, es una escalera mecánica hacia abajo, no tiene pérdida.

En el Narita express ibamos mirando el paisaje, los edificios, los coches… bueno, hay quien no se enteró del trayecto.

Hicimos trasbordo en Nippori y conseguimos llegar a Okachimachi. Desde allí llegar al Hotel Edoya era supuestamente fácil (y lo es) pero nosotros nos perdimos. Claro, íbamos cansados, cargando con los maletones y con un sol de justicia sobre nuestros cogotes… mal cóctel. Ni teléfonos de última generación, ni antenas de GPS, sea como sea y dando más de un rodeo conseguimos llegar. En este punto quiero recordar el vídeo de la llegada, el Narita Express, el trayecto entre el Hotel y la estación JR Okachimachi.

Por todo ello llegar al Hotel nos produjo una gran alegría… bueno aún teníamos que hacer el check-in con la preocupación puesta en la barrera idiomática. Pero más o menos lo conseguimos, lo único que nos quería hacer entender la amable señora era que había 6 futones instalados y que ya mañana nos pondría solo 5. Esto era debido a que aunque eramos 5 viajando reservamos una habitación de 6 para poder disfrutar de más espacio.

La verdad es que el hotel cumplió sus expectativas. La habitación era espaciosa y limpia. Todos los días con sus futones preparados y los yukatas limpios y dobladitos. El hecho de que el hotel disponga de un ofuro exterior le da un toque especial al hotel. Si tenemos que criticar algo son dos pequeños detalles, primero el desayuno, hay que desayunar en el edificio adyacente, aunque están comunicados. Además el desayuno dejaba que desear, al menos para mi paladar. Así que tiraba de Van Houten y bollería de Kombini por las mañanas. Lo otro que no me convenció es la zona común de recreo en la sexta planta, los sofas para ver la tele tenían una capa de roña importante.

Me consta que hay muchos viajeros que descartan este hotel por la afluencia de españoles ya que es conocido en el mundillo japonero. Particularmente no entiendo este punto. Yo dejo el hotel temprano y llego tarde, los demás huespedes sólo me pueden ver el tiempo que pueda estar en recepción por la noche comunicándome con mi gente con el ordenador o en la zona de lavadoras y secadoras. Así que realmente me da igual quién esté en el hotel o de qué nacionalidad sea.

Creo que mi satisfacción con este hotel la demuestro volviendo este año.

Pues tras colocar las maletillas, refrescarnos y cambiarnos nos pusimor al fin en marcha. Nuestra primera ruta, estábamos cansados pero queríamos aprovechar la tarde y nos dirigimos hacia Ikebukuro.

Nada más salir de la estación y en medio del barullo de gente destacaba un sonido por encima de los demás, nuestros estómagos. Así que no nos complicamos y entramos ene l primer McDonalds que vimos a probar la hamburguesa de langostinos o Ebi-Fileto.

Ikebukuro es una gran zona comercial llena de vida, cotilleamos diversas tiendas pero nuestra primera gran parada era el Toyota Amlux.

Y al Toyota Amlux llegamos.

En este centro de exposiciones de Toyota encontramos los modelos comerciales de la compañía. Cuando nosotros llegamos, a excepción del Formula 1 que veis en la foto superior el resto de coches expuestos eran turismos como los que encuentras en los concesionarios japoneses. Te puede extrañar algún modelo que no hay en España, pero yo al menos esperaba deportivos alucinantes o prototipos… nada de nada. Una pequeña exposición de motores y una gran esfera donde proyectan una pelicula, para niños de la que salimos a hurtadillas a los pocos minutos.

Al lado de este centro de exposiciones hay un enorme rascacielos que preside Ikebukuro, el Sunshine City. Este edificio es una pequeña ciudad por dentro. Tras subir unas cuantas escaleras mecánicas nos encontramos con un evento, al parecer de Hello Kitty, en el que muchos infantes japoneses tratabas de encontrar cosas en una enorme piscina de bolas. Detrás, una preciosa fuente hacía una baile de agua y luces. Es una sensación extraña el ser espectador de algo y no tener ni idea de que está pasando, desconcierta pero me gusta sentirme inmerso en una cultura diferente.

Seguimos avanzando por el edificio y llegado un momento nos encontramos ante una planta decorada como un bosque, con estatuas de personajes al parecer de una pelicula de animación, la cual desconozco, pero es genial encontrarte esto de repente.

Tras esto conseguimos llegar, también dentro del edificio, al Sunshine Namja Town, el parque temático de Namco. Al principio lo disfrutamos, cotilleando más que nada, pero era un lugar tan laberíntico que nos perdimos dentro. Ahora es el momento de introducir el vídeo grabado en Ikebukuro.

Gracias al caballero que nos acompañó gentilmente a la salida pudimos abandonar aquel lugar, pero no Sunshine City pues seguimos subiendo por el edificio hasta llegar a un observatorio la mar de majo, en el que además había una exposición temporal sobre Naruto Shippuden.

Al salir del edificio, encontramos una estatua enorme de Ultraman. Lo curioso es que había un japonés haciéndole gestos a la estatua y se quedó durante un buen rato con el brazo levantado, parecía como en trance. En la foto de abajo se puede ver a dicho japonés detras de Juanjo.

Tras esta extraña aparición y merendar algo sentados en una escalera volvimos hacia la estación, pero para entrar en los Mega-Almacenes Seibu que se encuentran al lado.

Estos enormes almacenes tienen de todo, ideales si quereis aprovisionaros de algo al comienzo del viaje. Una de las curiosidades que podeis encontrar en Seibu es un restaurante español llamado “amapola”.

El plato estrella era la paella.

Pero no faltaba el menú con gambas al pil-pil, sangría y jamón serrano. Pero claro yo no me he recorrido medio mundo para comer lo que ponen en la tasca de mi barrio.

Tras este centro comercial nos acercamos a la Metropolitan plaza, un enorme espacio abierto donde se reune gente joven. Y en esta plaza el Metropolitan Art Space, donde se producen eventos relacionados con el arte pero que en este momento estaba invadido por la candidatura olímpica de Tokyo 2016.

En este moderno edificio, intentamos hacernos una foto en perspectiva cerca de una escalera mecánica y a un buen señor que trabajaba allí no le pareció buena idea. A estas alturas del día ya estábamos MUY cansados, el largo viaje pesaba sobre nuestras espaldas, era hora de cenar y volver al hotel. Por cierto, el viaje en tren del final de este día tenía algo en común con el que empezamos…

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